Los objetos, objetos son, pero en ciertas ocasiones hay una historia detrás que marca la diferencia.
En este caso, os presento una navaja vestida para conmemorar el cambio de trabajo (cambio de vida podría decirse) de su futuro propietario.
En cuanto al “vestido”… Partimos de un material de sobra conocido y utilizado en cuchillería, una placa de cuerno rubio de búfalo, prácticamente idéntica a esta, con inherente translucidez.
Y luego se trata de convertir esa translucidez en transparencia.
¿Cómo? Cepillamos para planificar las placas, siempre imperfectas. Luego regruesamos, buscando un espesor de poco más de 3 mm, como si de metacrilato se tratara.
Y después, teniendo en cuenta la propiedades del material, horas (literalmente) de lijado, refinado y por último delicado pulido a baja velocidad.
Es la única receta que conozco para llegar a esto…
Y ahora si, tenemos una navaja especial por varios motivos.
Como siempre, os espero haber alegrado fugazmente la vista.