Acabo de recibir la Kopparkant de Aylsworth y me he quedado un tanto a cuadros.
Primero, me esperaba una maquinilla de latón pero con un brillo un poco más encendido y es más bien tirando a mate, pero bueno, no es que me desagrade del todo; seguro que la voy a apreciar con el tiempo.
Lo que me enerva es que los de Aylsworth sean tan cicateros a la hora de entregar un producto que vale 95 euros (+18,40 de aduanas, pero eso es aparte).
Una caja de cartón, como la que podéis ver en la foto y la maquinilla envuelta en un papel negro.
Vamos a ver Kaleb, no te estoy pidiendo que me regales una base, aunque sea de plástico, ni una caja de madera como hace el maestro Theodoros porque eso sería tirar la casa por la ventana y no quiero que tus hijos vayan a la universidad de Anchorage en Alaska cuando pueden ir a la de Berkeley en California, pero unas cuchillas de regalo o simplemente un cartoncillo dándome las gracias por haber comprado tu maravilloso producto no habría estado mal y mi percepción de tu firma habría sido otra distinta.
Un tubo de cartón que parece el sobrante del papel higiénico al que le han forrado una cartulina negra es propio de la clase de manualidades de los alumnos de un colegio de primaria no de una empresa que hace unas maquinillas exclusivas y de cierto lujo. O se han gastado el presupuesto en el depertamento de I+D o el responsable del marketing tiene un serio problema de como tratar con un cliente específico.
En otro hilo estamos tratando el tema de las muestras de regalo en las perfumerías y me viene al pelo esta castiza frase: “En todos los sitios cuecen habas”.
